LA VENDA de Amado Nervo

 
 
 
LA VENDA
 
 
¡Oh lóbrego misterio, dime cómo me llamo!
Dime quién soy, qué velo tupido de ilusión
oculta al verdadero ser que me rige, al amo
imperioso y radiante de quien mis horas son
 
Como a un hombre vendado a quien no se le muestra
la orientación siquiera del sitio adonde va,
una potente mano, cogido de la diestra,
me lleva un fin oculto, que acaso cerca está.
 
Y me rebelo, a veces, y en mi congoja quiero
no más un solo instante la venda deshacer;
más, ¡ay!, al intentarlo, la gran mano de acero
tritura mis falanges….¡y sigo así, sin ver!
 
¡Oh enigma….! Y, sin embargo, si con tesón concentro
en mi anhelo, toda mi voluntad,
hay una pespectiva de luz que se abre dentro,
y orea mi alma un soplo frío de eternidad
 
 
Amado Nervo
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