COMPROBACIONES PSIQUIATRICAS SOBRE LA REENCARNACION

 

El mundo circundante está lleno de estos ejemplos; todas las cosas cumplen ciclos de materialización y desmaterialización a nuestro alrededor. ¿Cuál es nuestro problema? La no interpretación de los fenómenos; nosotros percibimos los fenómenos, pero no los interpretamos. Si ahora pregunto, ya no a vosotros que sois personas mayores y educadas, sino a niños que apenas caminasen, qué es el día y la noche, me dirían: «Bueno, cuando es de día está el Sol sobre el horizonte y después viene la noche y el Sol ya no se ve, y después aparece de nuevo el día y el Sol está sobre el horizonte», y me dirían que ahora es otoño y que después viene el invierno, después la primavera, después el verano y después el otoño… O sea, que de alguna forma, el otoño reencarna también, de alguna forma el otoño vuelve otra vez, de alguna forma, aunque todos los días son diferentes, un día no es nada más que la reencarnación del otro día y del otro día y del otro día. Y los viejos libros se reencarnan en nuevos libros y las viejas ideas se reencarnan en nuevas ideas.

El trozo de hielo que es agua solidificada, sometido al calor o dejado a la temperatura ambiente, se va licuando, se va licuando, y tal vez hasta llegue a convertirse en vapor. ¿Y qué pasa con ese vapor y con las nubes? ¿No cae de nuevo la lluvia otra vez sobre la tierra, el agua, el mar, y otra vez, cuando viene el frío se convierte en nieve, se convierte en hielo? Tenemos escrito en la naturaleza una serie de conocimientos, una serie de verdades; nuestro problema es que hemos perdido la capacidad de poder leerlas. Vemos el giro de las estaciones, vemos los días, las noches, los dos sexos en los cuales se divide la humanidad, los ciclos que nosotros mismos repetimos; vemos que el personaje más repetido de la Historia es ese señor que dice que la Historia no se repite, porque ése aparece en todos los momentos de la Historia, pero ésta se repite siempre y vuelve a repetirse, y los hechos, con cierta diferencia o con cierta semejanza, vuelven a repetirse.

Y volveremos a hablar alguna vez, en otra casa, en otro momento y en otro instante, pero volveremos a hablar tal vez de los viejos temas y estaremos la mayor parte de nosotros, y de alguna manera se habrá repetido, aunque ya no tenga esta tiza en la mano o aunque a lo mejor tenga una corbata de otro color; de alguna forma todo se repite. Nuestra posibilidad es entonces abrir nuestro ojo, el «Ojo del Dangma» del que hablan los orientales, nuestra capacidad interior para poder ver y leer las cosas, para poder verlas y para poder entenderlas, de tal suerte que podamos convertirnos no solamente en cultos, sino en sabios. Ése es el objetivo de la filosofía: llegar a ser sabios, llegar a interpretar la naturaleza, llegar a interpretarnos a nosotros mismos y llegar a comprender nuestros propios fenómenos físicos, psicológicos y espirituales.

También os decía que la ciencia misma tampoco tiene nada que oponer a esta teoría, a esta posibilidad, que no estoy afirmando, pues estoy simplemente dando la posibilidad filosófica de que los hombres reencarnemos.

Una de las dificultades que se le suele poner a la teoría de la reencarnación es el constante aumento del número de gente en el mundo; porque algunos dicen que si fuese cierta la teoría de la reencarnación, ¿cómo explicaríamos este crecimiento demográfico, este gran crecimiento demográfico?, ¿cómo explicaríamos que cada vez haya más millones y millones de personas? Si somos los mismos que venimos reencarnando, ¿de dónde salen todos estos millones y millones de personas, que ahora hay más que antes? Hace más de veintiséis siglos hubo alguien que lo explicó, se llamaba Pitágoras. En verdad se explicó desde el principio del mundo, pero os remito a algo con que podéis tener contacto para poder comprobarlo. Pitágoras, reproducido luego por el divino Platón, dijo que el número de las almas era fijo, o sea, que había un único número de almas, pero que pasaba a través de los ciclos de la historia y del tiempo dentro de un gran ciclo cósmico _porque los antiguos ya hablaban de evolución, pues la evolución no es un invento de Darwin ni de los materialistas del siglo pasado, ni de finales del siglo XVIII, es decir, que en un determinado ciclo o momento de la humanidad se daba un número de almas, y que nosotros estábamos ahora por millones de años en este ciclo, o sea, que somos un número fijo de almas. Estas almas, según los devenires de la historia y del destino, encarnan y viven sus vidas como encarnados, y viven sus vidas celestes o vidas superiores en este ciclo de subir y bajar de todas las cosas.

Cuando la población del mundo es muy baja, las vidas de la gente en estado celeste, en estado energético si me lo permitís así, se hace larga, muy larga, y la vida de la Tierra se hace menor, en consecuencia, el número de almas en la Tierra es menor. Dicho de otra forma, cuando hay pocas almas encarnadas habrá muchas almas desencarnadas. En esos viejos tiempos en donde había pocos millones de hombres vivos en la Tierra, según las teorías pitagóricas, tendría que haber habido muchísimos millones de personas en vida celeste y en vida espiritual, cosa que, tal vez, justificaría la religiosidad innata que traían aquellas personas, pues ya siendo niños tenían una verdadera religiosidad y ninguno de ellos dudaba, por ejemplo, de la inmortalidad del alma.

Sabéis que la duda sobre la inmortalidad del alma es un fenómeno psicológico muy moderno, muy nuevo. Hay lamentos, sí, que vienen desde el comienzo del tiempo, pues los hombres se han lamentado siempre por penas de amor, por penas de trabajo o por penas de ideas, pero es muy raro, imposible casi, encontrar en los antiguos anales personas o grupos de personas que se quejen diciendo que no van a seguir viviendo más allá de la muerte; se quejan pensando que van a estar separados, se quejan pensando que van a estar en un Hades frío o que van a estar en un infierno caliente, pero nadie se queja de pensar que no va a existir… La idea de la no existencia post-mortem es propia de las corrientes materialistas; antes del advenimiento de las corrientes materialistas esta idea era prácticamente desconocida.

Por lo tanto, ellos afirmaban que cuando había pocos hombres encarnados en la Tierra había muchos hombres desencarnados en este mundo energético que lo identificaban con el cielo, para hablar de algo sutil y de algo superior. Todavía hoy nosotros hablamos instintivamente del cielo y del infierno como si una cosa estuviese arriba y la otra estuviese abajo. Pero eso es característico de lo que os decía, de nuestras propias limitaciones psicológicas; nosotros psicológicamente nos sentimos el centro del mundo. Si, por ejemplo, me preguntan ahora quién es la persona más alejada, yo diría que es la señorita de allí al fondo; pero si le preguntan a ella quién es la persona más alejada, va a decir que yo. En este momento no hay valores absolutos. Madrid es grande comparativamente a esta sala, sin embargo, es pequeña si la comparamos al planeta. ¿Qué es lo grande? ¿qué es lo pequeño? Todo es un juego de relatividades. Es simplemente que nos estamos poniendo nosotros mismos como referencia.

Así que, según estas antiguas teorías, estos hombres viviendo mucho tiempo en este lugar inmaterial al que damos un sentido celeste, elevado, podían reencarnar limpios de sus anteriores existencias, habiendo acumulado una serie de experiencias, pero no traumatizados por sus anteriores existencias, sino completamente liberados. Por el contrario, a medida que aumenta el crecimiento demográfico, con todos los problemas que ello trae, disminuye la posibilidad de vida celeste; y puesto que la cantidad de almas es la misma, al igual que en una balanza que cuando pesa más de un lado pesa menos del otro, se llega al caso actual, en donde la vida, como dirían los hindúes, devachánica, la vida celeste, la vida brillante dev en sánscrito es «brillante», la vida incorporal se hace muy breve, se hace casi inexistente, y como si rebotásemos en una suerte de techo de goma, morimos y nacemos, morimos y nacemos, morimos y nacemos. Y eso trae un problema, obviamente; eso hace que los niños actuales sean tan avanzadillos y estemos tan contentos de ellos y digamos: «¡Pues mira, mira que rico, mira que pícaro, las cosas que hace, tiene cuatro o cinco años y habla como un hombre, actúa como un hombre, parece una mujer!». No es que parece, es que lo es; ha traído una serie de cargas con un sentido mimético que le hacen repetir otra vez lo que vivió hace relativamente poco, o sea, esos niños se sienten inclinados a no vivir un mundo de niños, ni de cuentos de hadas, ni de espiritualidad, ni creen en el ángel de la guarda ni cosas por el estilo; quieren entrar en guerrilla, quieren hablar de economía, quieren interesarse por el sexo, y todo eso es lógico porque son niños que no son niños; de alguna manera son personas mayores que han sido metidas otra vez en un cuerpo, casi artificialmente, y se encuentran con las limitaciones del cuerpo pequeño pero con las ansias de alguien que está acostumbrado a vivir en un mundo de adultos. De ahí que se dirijan a los adultos como adultos y que no tengan tampoco ese sentido de antes del respeto a las canas. ¿Qué respeto a las canas puede tener el que a lo mejor hace poco tiempo fue un viejo con la cabeza completamente blanca? Obviamente no tiene respeto a las canas. Para él el abuelo no es el abuelito, aquel que el niño tiene en un altar, sino que el abuelo es un igual y también los son la madre y el padre, o sea, se siente como de la misma calidad psicológica.

Hasta aquí os digo las teorías. Pero ante el fracaso de muchas de las aplicaciones metodológicas basadas en los sistemas estrictamente freudianos y también en los sistemas llamados de psicodramas, hay muchísimos investigadores actuales, psiquiatras y no psiquiatras, que se han puesto a indagar y han tratado de ver de dónde nacían una serie de traumas que tiene la gente y que no se pueden explicar. Sabéis que uno de los sistemas para poder superar los traumas que utiliza la actual psiquiatría es hacer que la gente reviva las causas de esos traumas, y reviviendo las causas de esos traumas las personas pueden de alguna manera superarlos. Pero generalmente la persona que se pone en el chaise longue y empieza a conversar y a hablar, lo que está haciendo es un psicodrama o, dicho vulgarmente, cuenta una novela, una novela interesante, picante, llena de cosas, pero que no es cierta.

Los psiquiatras antes creían que todo lo que decía el paciente que estaba ahí acostado era cierto, pero no. Ese paciente, sin quererlo, mezcla realidades, fantasías, deseos, recuerdos de cosas que había leido o visto. Para él tenía un encanto casi sádico al contárselo al doctor, que iba anotando las tonterías que le decía, y cuando se daba cuenta que el pobre psiquiatra se escandalizaba un poco, le iba agregando detalles subidos de tono me imagino que nuestros abuelos harían lo mismo cuando se confesaban a los curas en el confesionario, y como el ser humano a veces tiene una especie de diablillo dentro, el paciente le va diciendo cosas cada vez más monstruosas y confesando crímenes y violaciones que nunca había hecho. Al fin, los psiquiatras, con el correr del tiempo y nuevas comprobaciones, fueron llegando a la conclusión de que muchas de las cosas que estos pacientes relataban eran meras fantasías que no habían existido nunca.

Hoy se emplea otro método para ayudar a que las personas revivan las causas de los traumas, ese método es la hipnosis. Como sabéis, la hipnosis tampoco es nueva, ya se practicaba en la India, Egipto, etc., o sea, que se viene practicando desde el comienzo del tiempo. Claro que las inhibiciones del materialismo habían sacado la hipnosis de la circulación científica. Sabéis que, por ejemplo Mesmer, o los investigadores del siglo pasado, los investigadores franceses, sufrieron verdaderas persecuciones por querer aplicar la hipnosis, y no hace mucho hace menos de medio siglo todavía en muchas universidades del mundo se prohibía la hipnosis médica, porque se creía que era simplemente una cosa de brujería, una especie de recuerdo que había quedado del tiempo de las hogueras. Sin embargo, hoy sabemos que la hipnosis se puede hacer, que existe, aunque recién estamos dando en Occidente los primeros pasos, obviamente. Pensad que en Oriente hace miles de años que se practica; entonces, ¡qué lejos estamos de esa hipnosis! Sabéis perfectamente que en la India existen numerosas personas que hacen una serie de fenómenos _que algunos de vosotros habéis oído_ para que les den unas cuantas rupias, o sea, que no es nada espiritual; la gente cree que son grandes gurús, grandes maestros, pero no, no, no, no tienen nada de maestros, ni de gurús, ni de cosas por el estilo. Son personas simplemente que dominan su mente y, como los occidentales en ese sentido están completamente desmentalizados, llegamos a Oriente y exclamamos: «¡Oh!», cuando vemos pasar una alfombra voladora. A ese señor le es muy fácil hacernos creer que una soga se endereza en el aire o hacernos ver que se levanta una piedra del suelo y cae de nuevo. Lástima que en las cámaras fotográficas y en las filmadoras no aparezca, o sea, aparece muy rara vez, sólo cuando lo hacen de verdad, pues de 1.000, 999 lo único que hacen es hipnosis.

¿Qué es exactamente la hipnosis? La hipnosis es penetrar dentro de nuestra conciencia, de alguna manera permitir que algo penetre dentro nuestro y nos ponga en contacto con esto mismo que penetra. Por ejemplo, cuando nosotros vamos a orar a un templo, si lo hacemos con verdadera devoción, entramos en un estado autohipnótico. De alguna manera, las catedrales, los vitrales, las figuras de los santos, se nos meten dentro y en ese momento no pensamos en otra cosa, o sea, hay una especie de hipnosis. Normalmente confundimos el estado hipnótico con el estado de sueño, creemos que para estar hipnotizado hace falta estar dormido. Eso es mentira; un hombre puede estar perfectamente hipnotizado y estar despierto y ser conciente de lo que escucha y de lo que habla. Hay distintos grados de profundidad en la hipnosis, pero aun así, en líneas generales, para estar hipnotizado no hace falta estar dormido, ni para hipnotizar hace falta tampoco realizar extraños movimientos con las manos. Se confunde la hipnosis magnética con la hipnosis de sugestión. Lo que está utilizando actualmente la ciencia moderna en Occidente es simplemente la hipnosis de sugestión; no se emplea la hipnosis magnética ni tampoco la hipnosis mental _que conocían los antiguos pueblos y es conocido en Oriente todavía_ a nivel normal, a nivel médico, con lo que se trabaja es con la hipnosis de sugestión. Esta hipnosis de sugestión inicia una regresión en el individuo que voluntariamente se ha prestado para la prueba y va saltando de etapa en etapa hacia atrás, hacia atrás, siguiendo sobre todo no la línea de pensamiento, sino la línea de las emociones, es decir, que las vivencias se van enlazando en base a sus emociones y eso es algo completamente natural.

Si os pregunto en qué página del Quijote de la Mancha está tal cosa, no lo recordaríais ninguno salvo que esté frente a un fenómeno, pero si os digo: «¿Os acordáis de aquella parte en donde él está junto a los molinos de viento?». Ahí nos acordamos todos. ¿Por qué? Porque eso nos ha impactado emocionalmente, porque nos ha agradado o porque nos ha dado risa o porque de alguna manera nos ha tocado nuestra parte psicológica. 

Así, entonces, el investigador va a ir retrocediendo poco a poco en los recuerdos de ese individuo que está a prueba. Le va haciendo retroceder en esta misma encarnación, en esta vida, a elementos puntuales psicológicos, a elementos puntuales incluso afectivos. El individuo va a hablar de sí mismo, de su familia, de cuando era joven, y sigue retrocediendo, y sigue retrocediendo y sigue retrocediendo, hasta que incluso ese individuo va a poder hablar de lo que él siente antes de nacer. Y esto también es una enseñanza muy antigua. El niño se va conformando poco a poco físicamente, pero, de alguna forma, su alma y su parte psicológica ya están presentes y captan el medio ambiente que le rodea. Por eso decían nuestros abuelos que era tan bueno que la mujer embarazada estuviese de alguna forma imbuida de un buen ambiente, que no hubiese en su presencia discusiones, o peleas; eso era para dar precisamente a esa alma nueva que venía la posibilidad de crecer de la mejor manera posible. Así, esta persona va recordando, va retrocediendo, va retrocediendo poco a poco, hasta que llega a un momento en que ya no hay nada. El gran descubrimiento de los psiquiatras actuales ha sido el no detenerse aquí, porque todo esto que le había contado el enfermo no justificaba ninguno de sus traumas, mejor dicho, algunos sí, otros no. O sea, había algunos traumas que no se justificaban de ninguna manera por todo lo que el enfermo había contado. Entonces, se le hizo hacer varias y muchas veces este retroceso, con fechas y con datos, para ver hasta dónde podía extraerse de esos datos, fechas y acontecimientos los traumas que podía tener esta persona. Y no se pudo descubrir. Y en muchos casos no se puede descubrir. El gran invento, el gran descubrimiento fue, de alguna manera, el tener el valor de decir: «Siga usted recordando. Usted existe». Y entonces descubrieron que esa persona no se acordaba más de nada, no recordaba más nada antes de su nacimiento, pero sí recordaba una sola cosa, que existía. Se veía, existía, esa persona no podía describir nada pero sabía que existía, que estaba bien, que estaba cómoda. Se le hizo entonces seguir y seguir, seguir en marcha hacia atrás, y con gran sorpresa de los primeros investigadores, se encuentran con que la persona empieza a hablar y empieza a contar cosas de otra vida. Empieza a decir que se ve que está en una cama ahora es al revés, es como de atrás hacia adelante, que se siente mal, que le duele la cabeza, por ejemplo, que siente dolor. Se le pregunta quién es y da un nombre, da una fecha, da un lugar; el investigador entonces, le hace pasar por distintas partes de estas vidas.

Al principio se pensó que era otro psicodrama, que así como antes habían inventado toda esa serie de procesos terribles y machacantes de la personalidad para impresionar al investigador, se estaba haciendo exactamente lo mismo. Así que se trató de ver si estos datos coincidían de alguna manera. Tenemos muchos casos, y hoy hay una enorme cantidad de bibliografía al respecto. Y se llega a la constatación de que estos datos que se están dando son auténticos; porque personas que no saben nada, vamos a suponer, de los modismos de cómo se podía hablar en alemán en el siglo XVI, escriben, en ese tipo de alemán, y esas personas dan datos sobre publicaciones, sobre grandes almacenes en determinados pueblecitos que no podían conocer de ninguna manera y que, luego de años a veces de investigación, han sido constatados. Hay un caso narrado, por ejemplo, en donde hubo que llamar a un latinista, a un antiguo latinista, porque una de estas personas estaba hablando en latín y en esenio, y solamente ese antiguo latinista pudo entenderse con esa persona en estado de trance y poderse dar cuenta que realmente estaba hablando en una lengua antigua, y no que lo estaba inventando. Por que todos podemos decir: «Onba onga, bondebon, oim bumbum bumbi», y decir que estamos hablando en un idioma etrusco. Pero no. Ha sido constatado que hablaba realmente en latín antiguo y hablaba realmente en formas esenias.  Lo notable es que aquí sí empezaron a encontrar, en las vidas anteriores, la causa de una serie de terrores o de una serie de traumas. Por ejemplo, el caso investigado en Alemania de una mujer que tenía un terror enorme a la ratas. Obviamente, a nadie le gustan, pobre animalito, generalmente no es muy simpático, y las damas sobre todo le tienen un poco de terror. Pero éste era un caso ya morboso, bastaba que viese una rata dibujada en cualquier parte para no importarle gritar o, delante de uno o de otro, salir corriendo y gritar como loca: «¡Que están las ratas! ¡Que me comen las ratas!». Porque una cosa es tener asco de algo y otra cosa es estar narrando algo que a uno nunca le sucedió. Pues se comprobó que en una de sus encarnaciones en el Medioevo, cercano al Renacimiento, había sido encerrada en una torre y las ratas realmente la habían comido; cuando supo eso la propia persona investigada, se le hizo ver incluso una rata viva y ya no reaccionó de la misma manera. Se le explicó que la culpa no la tenían las ratas, que las ratas tenían hambre, que la culpa la tenía quien le había encerrado en la torre o en ese lugar donde estaba; que la rata era un animal como otro cualquiera, que simplemente tenía hambre y comía. Y habiéndoselo explicado, esa persona perdió el trauma; no digo que vaya ahora con una rata al hombro, pero perdió el trauma de tener ese asco, esa repulsión, y entendió más bien que era la maldad y la ignorancia de los hombres lo que le había llevado a esa situación de dolor, y no el animal que tenía enfrente.  De tal suerte, estos casos se han repetido en investigaciones no sólo en Europa, sino también en América, y se ha podido comprobar algo que considero interesante destacar para lo que os dije al principio, que los ciclos entre las reencarnaciones se van haciendo cada vez más cortos y cada vez más cortos. A medida que hay un crecimiento demográfico, los ciclos se van acortando de tal suerte que una persona que dicen que vivió, vamos a suponer, en la época de Cristo, y que luego vivió en la época de Carlos V, lo lógico es que esta persona no estuviese aquí, o sea, que todavía no hubiese encarnado. Porque de una época a otra han pasado unos dieciséis siglos, y en el último periodo todavía no han transcurrido más que cuatro siglos, pero, ¿qué pasa? Que no; que esta persona tiene otra encarnación a principios del siglo pasado y tiene otra encarnación ahora, o sea, que cada vez se van acortando más los ciclos y cada vez los traumas de una vida, de una existencia, van pasando con más facilidad a los traumas de la siguiente existencia. Esta teoría explicaría la suma de traumas que soportamos en la actualidad en nuestra presente encarnación, traumas que no vienen solamente de nuestra vida actual, de nuestra vivencia actual, sino que vienen también de las vidas pasadas, y de alguna manera influyen sobre nosotros, conforman nuestro carácter, afectan nuestras vidas, y hacen que muchas veces nos sintamos tan incómodos en este mundo, que nos sintamos tan molestos.

Esto es algo que podemos presentar a grandes rasgos. Yo creo que todo esto no es más que una parte de aquello que Sócrates decía y Platón repitió genialmente: nosce teipsum, o sea, «conócete a ti mismo»,  Amigos míos, quiero que me entendáis, querría poder explicarme, tener un pico de oro para que todos podáis entender exactamente lo que quiero decir. Quiero diferenciar cultura de sabiduría. Entendámoslo bien, cultura es saber qué tamaño tiene la Tierra, cultura es saber la distancia de la Tierra al Sol, cultura es haber leído un libro o un poema, cultura es conocer una música; pero la Sabiduría,  es otra cosa, es la posibilidad de poder conocer las cosas de manera directa e ingénita, es la posibilidad de saber diferenciar los distintos elementos del pensamiento aunque no os sepáis de memoria todas las obras de Kierkegaard o de Heidegger, es la posibilidad de hacer una filosofía natural

Hoy, todos nosotros, todos los hombres y las mujeres tienen la necesidad de una filosofía natural, o sea, de conocer las cosas por sí mismos. Estamos ansiosos. Corre por el mundo un viento, un aire y una necesidad, una necesidad nueva de vida; queremos vivir otra vez, queremos tener las cosas ya no tan prefabricadas, queremos estar en contacto con la naturaleza, queremos otra vez ver volar los pájaros y que no nos expliquen por qué vuelan, que nos dejen verlos volar; que no nos expliquen cuál es la fórmula química que nos pusieron en el vino tinto, que nos dejen beberlo naturalmente; que no nos expliquen cuáles son las irisaciones que actúan dentro de nuestra faz psicológica cuando le damos un beso a la mujer amada; que no nos arruinen la vida eternamente con esa pócima del materialismo que hace que cada vez que bebemos algo, lo estemos analizando como si fuésemos una especie de laboratorio, que cada vez que construimos algo tengamos que estar pesándolo y midiéndolo, que cada vez que escuchemos un poema tengamos que estar viendo de qué manera fue construido.

Tenemos una necesidad de vitalismo, de una vida directa en contacto con la naturaleza y con el espíritu, y esa necesidad, comprobado a través de estas investigaciones sobre la teoría de la reencarnación.  Señores, una revolución no es meramente política, ni económica, ni social, una revolución es algo mucho más profundo, es una re-evolución, o sea, es una vuelta, una vuelta a los valores primeros: al amor, a la belleza, a la confianza entre nosotros; una vuelta al apretón de manos que reemplace a los papeles que hoy se firman y que igual no se cumplen; una vuelta al hogar, en donde la gente pueda verse a los ojos y pueda amarse; una vuelta al amor real en donde uno pueda confiar en el otro; una vuelta a saber vivir en este mundo que es nuestro, este mundo verde que debe descontaminarse, que debe limpiarse de todas sus impurezas para que podamos confiar en los pájaros, en nosotros mismos y en Dios; que sin confianza en Dios y en algo que esté por encima de nosotros, ¿para qué vale vivir?

Pintemos nuestra vida de poesía, de música y de fe, eso es lo que os propongo, que más que invitaros a saber, os invita a vivir, a sentir, a soñar…

Fragmentos de la Conferencia "Comprobaciones Psiquiátricas sobre la Reencarnación" del Prof. Jorge A. Livraga 

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