MOTIVOS OCULTOS DE LA DESESPERACION

MOTIVOS OCULTOS DE LA DESESPERACION

 

Es obvio que es necesario, para cortar las raíces de este árbol de la desesperación, el conocernos a nosotros mismos, el saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.  Nos hace falta también conocer las leyes universales de la naturaleza, conocer por ejemplo la ley de causa y efecto que, sabéis, en Oriente los hindúes la llaman Ley del Karma.  Es decir, el saber que todas las cosas son causas de las que las siguen y son efectos de aquello que estaba anteriormente; así, nada en este Universo sería casual sino que todo estaría enraizado, todo tendría una razón de ser.

Si nosotros pudiésemos entender, pudiésemos no solamente entender qué digo, pudiésemos vivir profundamente, pudiésemos sentir que realmente todo está encadenado, que hay causas y que hay efectos, entenderíamos muchas cosas, entenderíamos el por qué a veces nos ocurren algunas cosas y el por qué ocurren otras.  El estudio de la historia nos permitiría ver el desarrollo de las naciones, el ciclo de las civilizaciones o sus distintos momentos de apogeo o de desastre, o de caída. 

Esta ley de causa y efecto es fundamental de estudiar, lógico que está unido al otro conocimiento de que hablamos antes, porque si nosotros no sabemos que hemos existido antes, ¿de qué ley de causa y efectos podemos hablar?  Mas si nosotros llegásemos a concebir por un instante que nosotros existíamos desde el principio del tiempo, nuestra mente no puede abarcar más, y que vamos a seguir existiendo, veríamos lo que nos ocurre hoy como un fruto de aquello que nos pudo haber ocurrido antes, y que hoy mismo estamos sembrando semillas de acción para aquello que nos ocurra después.

 

Hace algunas semanas, sobre el tema de la reencarnación, toqué el experimento actual que están haciendo algunos psiquiatras y algunos psicólogos sobre enfermos que tenían una suerte de aprensiones, que tenían una serie de dificultades psicológicas y que no se sabía de dónde venían, que solamente se pudieron entender haciendo descender a estos enfermos a través de sus traumas en estado hipnótico hasta una suerte de vida anterior, de vidas anteriores a la que en ese momento el enfermo tenía. 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               revista,   Si viniesen directamente de nosotros, de nuestra parte biológica, las podríamos reproducir, pero nosotros no las podemos reprodu­cir, vienen de alguna otra parte, vienen de alguna otra dimen­sión, de algún otro mundo en donde nosotros o "aquello", como lo queramos llamar, tiene la posibilidad de captar realidades que nosotros, metidos aquí en esta cáscara de carne, no tenemos posibilidad de captar.  Y la pérdida de contacto con ese mundo maravilloso, con ese mundo superior, con ese mundo, diríamos, mágico, es lo que también nos crea los estados de desesperación, la desesperación interior.  

Veamos bien, yo no estoy hablando del desesperado que golpea las paredes como loco, sino de aquel que tiene esa desesperación interior, esa sensación de no haber hecho en el mundo lo que quiso hacer, esa sensación de vacío dentro del pecho.  A lo mejor es aparentemente un triunfador.  A lo mejor es un señor o una señora que tiene buenas relaciones, que tiene dinero, que está perfectamente, que tiene familia; pero sin embargo, dentro de sí, de alguna manera dentro de su corazón hay algo que le falta, hay algo que no está pleno, hay algo que tiene desesperación, o sea, que no tiene esperanza porque no encuentra un motivo a su propia vida, no encuentra un por qué está viviendo más allá de la monotonía de todos los días.

Nosotros seguimos viviendo todos los días en una especie de inercia, comemos, dormimos, nos movemos, vamos, venimos, pero eso no basta para llenar la necesidad interior.  Para llenar la necesidad interior hace falta una re-evolución, o sea una re-evolución interior, una re-evolución espiritual, una re-evolu­ción, una vuelta al punto de partida.  

Todos nosotros tenemos una suerte de instinto de que tenemos un punto de partida más allá de nuestra vida física.  Todos nosotros tenemos una suerte de instinto que nos avisa cuando nos va a pasar algo malo, o que nos avisa cuando va a pasar algo bueno.  A veces nos estremecemos pensando en una persona y luego sabemos que esa persona, en ese momento tuvo un gran sufrimiento. 

 

A veces nos levantamos y sabemos que ese día va a ser fatal, que todo va a salir mal, y otras veces que todo va a ir muy bien.  Nosotros tenemos la capacidad de poder contactar, esporádicamen­te, todo ese mundo invisible que nos rodea, pero necesitamos desarrollar nuestras potencias interiores de esperanza, necesita­mos desarrollar nuestro mundo espiritual, un mundo que no se quiebra con las manos, un mundo que no se puede comprar con dinero, un mundo que no responde a las amenazas, un mundo que está más allá de todas las circunstancias de la vida, y todos nosotros necesitamos participar de este mundo que hemos olvidado.

Hoy, si vamos a suponer que alguien en esta sala no tuviese ni un solo duro en el bolsillo, diríamos: ¡pobre! no tiene un duro, no tiene 5 pesetas, ¡qué pobre está!  Pero si hay gente que no tiene esperanza, decimos: bueno, bah! y ¿para qué quiere la esperanza?  Sin embargo, es más necesaria la esperanza que el dinero.  Los hombres podemos vivir con poco o prácticamente nada de dinero, los hombres podemos vivir casi sin abrigo, casi sin alimento, pero los hombres no podemos vivir sin esperanza.

Todos tenemos no sólo necesidad, tenemos derecho, como dije varias veces, a un pequeño trozo de gloria, a un pequeño trozo de historia, a un pequeño trozo de algo trascendente por lo cual nos reconozcan, ya sea público, ya sea privado, eso también está roto.

En pasados tiempos, las familias ponían los cuadros de los abuelos y los nietos les veían y decían: sí, ése fue el abuelo, ése fue el que hizo tal cosa o hizo tal otra, viajó a tal parte, vino de tal parte, y los nietos soñaban con el abuelo.  Hoy, cuando se muere el abuelo, si es que queda alguna fotografía, pues se tira o se rompe, ¿para qué la queremos? si el abuelo ya se murió. 

Esa falta del poquito de gloria, esa falta del poquito de relación espiritual nos va agostando, nos va quemando, nos va volviendo poco a poco duros y malvados; nos va volviendo malvados porque nos sentimos muy solos, y aunque estemos en medio de multitudes, aunque estemos en contacto con la gente, aunque todas las mañanas leamos los periódicos y nos enteremos de lo que pasa en China, o de lo que pasa en la India, nos sentimos solos porque no sabemos lo que nos pasa dentro y no logramos a veces impactar a quienes tenemos cerca, en el sentido de que nos dé una pequeña frase de cariño, que nos dé algo que no sea simplemente material, que sea realmente espiritual.  

Ahora van a llegar las fiestas, va a haber grandes intercambios de regalos, cuántos regalos, amigos míos, van a ser hechos de manera automática.  Cuántos regalos van a ser hechos como si fuese una máquina tragamonedas, donde uno le dice:  Oye, felices Pascuas! toma, gracias, toma.  Y se cambiaron las cosas como si fuésemos simplemente máquinas de trueque.  Mas, si además de hacer esos regalos de esta manera, podéis aportar un poco de real cariño y un poco de real amor, y lo tenéis dentro vuestro.  Dadle un pequeño apretón en las manos a la persona que le estáis dando el regalo, dadle un poquito amor.

Si vosotros amáis a vuestros hijos, amáis a vuestros amigos, amáis a personas que están con vosotros, no tengáis miedo de demostrarlo.  El temor de demostrar nuestro amor es lo que nos ha quitado el derecho a la esperanza, la esperanza ha volado en cierta forma de nosotros porque de alguna forma nos hemos quedado paralíticos, nos hemos quedado duros.  Tenemos miedo de demostrar nuestras emociones, tenemos miedo de demostrar aquello que nosotros sentimos, tenemos temor de entrar en íntimo contacto con esa vida espiritual.  Tenemos temor de llorar ante una música aunque nos emocione, de quedarnos viendo mucho tiempo un cuadro que nos agrade, de apretar realmente la mano del amigo, de besar con verdadera ternura a quien queremos.  Todas esas son mutila­ciones de nuestra alma.

Nuestra alma está mutilada en sus funciones de esperanza, en sus funciones de espiritualidad, de tal suerte que hacemos las cosas de manera automática.  Necesitamos entonces un revivir interior que nos permita ponernos en contacto con el mundo, ponernos en contacto con nosotros mismos y ponernos en contacto con el resto del mundo; cesar un poco en este camino de artificio, en este camino de modas, que cuando todo el mundo corre para el norte todos corren para el norte, y cuando todo el mundo corre para el sur, todos corren para el sur.  Eso lo vemos en lo político, eso lo vemos en lo intelectual, eso lo vemos en todas las cosas.  Aquello que está de moda es aquello que se usa, y si está de moda tener una ideología política, si está de moda creer o no creer en Dios, si está de moda pensar de determinada manera, si hay un poeta que está de moda, eso hacemos y nos dejamos llevar como si fuésemos trozos de hierro, de roca, sin tener en cuenta nuestro ser interior.

Eso nos provoca, obviamente, un estado de desesperación, o sea, vamos perdiendo la capacidad de la esperanza.  Necesitamos tener de nuevo, retomar ese sentido de la esperanza, nos hemos cansado muchos de nosotros de ser nada más que cimientos, nos hemos cansado muchos de nosotros de ser piedras que ruedan al vacío; estamos reclamando nuestro derecho de cielo, nuestro derecho de perfume, nuestro derecho de amor, nuestro derecho de paz.  

Estamos reclamando, a viva voz y en nombre de todos, estamos reclamando el derecho a vivir como seres humanos, en un mundo que está cada vez más contaminado.  Queremos vivir descontaminados, queremos vivir más naturalmente, queremos que la esperanza marche delante nuestro como si fuera un faro alumbrando nuestro camino. Queremos tener relación con nosotros mismos, con nuestros antepasados, con la gente que lo revive.  Queremos de alguna manera ser partícipes de este momento histórico y queremos de alguna manera también forjar la historia del futuro. Los hombres, las mujeres, cuando realmente son hombres y mujeres, no se conforman con leer la historia, quieren hacerla aunque sea en un pequeño trozo y lugar.  

Este mundo en donde las cosas del espíritu han sido cercenadas por la materia y donde aún los que queremos y los que tenemos necesidad de espiritualidad y necesidad de oración, y necesidad de vida y de paz interior, nos encontramos impulsados como ganado contra este muro espinoso que es el odio de las actuales relaciones humanas.  Yo querría, amigos míos, que todos nosotros pudiésemos tener esa actitud de cariño y de bondad, que la próxima vez que nos veamos, nos podamos dar las manos, o que intercambiemos regalos, o que estemos unos frente a los otros, podamos hacerlo espontáneamente, con el corazón, y no nos avergoncemos de hacerlo con el corazón.

Felices los que lloran escuchando una música, felices los que lloran ante una poesía, felices aquellos que se les transmuta el rostro cuando están oyendo una música que puede elevarlos, felices aquellos que pueden gesticular y abrazar al amigo en plena calle, felices aquellos los vivos, los que todavía están realmente vivos y de cuya semilla de esperanza surgirá todo un mundo de esperanza, un mundo que no solamente debe ser nuevo sino mejor.

 

Retazos de la Conferencia "Motivos Ocultos de la desesperación" Prof. Jorge A. Livraga

Recopilado por Loto

Anuncios

Un pensamiento en “MOTIVOS OCULTOS DE LA DESESPERACION

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s