LA CONQUISTA DE ALEJANDRO-Novela Histórica

 

"Búcefalo tiene tanto calor que su carne desprende vapor; los chorros de su hocico queman. Percibo su voluntad, no como una extensión de la mía, sino como una fuerza generada por su valiente corazón. Está vivo y alerta no como una bestia sino como un guerrero. Su alegría me enciende. Me nutro de ella, mientras noto que él se nutre de la mía. Le encanta todo esto. Es para lo que ha nacido.

 

Mi caballo y yo entramos en una especie de éxtasis cuya esencia es rendirse al destino. Cabalgo sobre un trueno.

 

 

 

Sólo puede protegernos el señor del Olimpo, a quien yo, como todos los que estamos en las fauces de la muerte, ruego sin cesar.

 

Cuado hoy os vi luchar, compatriotas, vi a hombres a los cuales podía dirigir con orgullo contra las falanges del infierno. Vi camaradas a cuyo lado hubiese ofrecido mi vida con alegría. Creí que si podía contarme como uno más de vosotros, conocería la fama eterna. ¡La victoria! Hasta hoy creía que eso era todo. Pero me habéis sacado de mi error.

 

Miro los rostros rojos de cansancio y negros de vergüenza. ¡Por los fuegos de la perdición, que los uniré a mí! ¡Por los ríos del infierno, los haré míos!

 

Habéis estropeado el más glorioso triunfo en la historia de las armas de occidente. Habéis avergonzado a este ejército y a vosotros mismos. Pero sobre todo, me habéis deshonrado.  Vuestras fechorías han manchado mi nombre, porque vosotros sois yo, y yo soy vosotros.

 

La fama y la gloria imperecederas son por lo que luchamos. Para encender la llama que ni siquiera la muerte puede apagar. ¡Eso es lo que conseguiré y por la espada de Zeus que la conseguiréis conmigo, todos y cada uno de vosotros!

 

Ni un solo hombre se mueve, no se atreven ni a respirar. Los odio y los amo, como ellos me odian y me aman, y ambos lo sabemos.

 

Hermanos, hoy sufriré vuestros crímenes solo por mi amor a vosotros. Pero escuchadme, y que estas palabras queden marcadas a fuego en vuestros corazones; al hombre que vuelva a deshonrar a este ejército, no se lo reprocharé como hago esta noche, como un hombre castiga a sus hijos con cariño y preocupación, sino que lo expulsaré de mi lado y de esta compañía para siempre.

 

La responsabilidad final por este desastre es mía. No he sabido enseñaros el código de conducta por el que esperaba que os rigierais, vosotros y el ejército. Por lo tanto, no cogeré nada del botín. 

 

 

 

¿Te hemos fallado alguna vez, o te hemos servido con todo nuestro corazón?

 

Ya no puedo contener las lágrimas.

¿Qué más quieres de nosotros?

Quiero que seáis….magníficos.

Todo el ejército exhala un suspiro.

Quieres que seamos como tú – dice Barbarroja.

¡Sí!

¡No podemos! ¡Nosotros solo somos hombres! – exclama y la desesperación de todos se hace insoportable.

Se ha esfumado mi furia.

Mi furia es contra mí mismo. Os he fallado.

¡No! –corea el ejército- ¡Nunca!

 

 

Búcefalo yace tumbado sobre el lado derecho. Veo de inmediato que su gran corazón ha dejado de latir. En mi imaginación he vivido un millar de veces este momento que inevitablemente debía llegar; no obstante, el impacto, cuando se produce, no disminuye el absoluto. Siento como si me hubiesen descargado un golpe en el plexo con una fuerza titánica. El sentimiento no es de pena por Bucéfalo, porque veo que su espíritu ya ha volado, sino por mi propia pérdida, y por la de la nación, de verme privado de su alma y de su espíritu. Hinco mi rodilla en tierra, y me aferro al brazo de Evagoras para no desplomarme de bruces. Ha muerto de viejo y de cansancio. No había nada que pudieran hacer.

 

La primera vez que vi a este caballo, él tenía cuatro años y no conocía el bocado. Un tratante lo exhibió en Pela, entre otros magníficos ejemplares. Bucéfalo los eclipsaba a todos como el sol a las estrellas, pero se encabritaba, corcoveaba y no permitía que nadie se sentara en su lomo. Mi padre lo rechazó por indomable. Yo tenía entonces trece años y me creía capaz de todo, como es habitual entre los chiquillos y los príncipes. Comprendí en el acto que quien domara a semejante prodigio sería digno de conquistar el mundo. También sabía que para domar a un espíritu como el suyo, tenías que partirle el corazón.

 

Ningún tutor me ha enseñado más que este caballo. Ninguna campaña de guerra me ha exigido más que las enseñanzas de esta bestia. Me he esforzado durante días y noches, en la adolescencia y la madurez, para elevarme hasta donde vivía su alma. Lo exigió todo de mí, y cuando lo recibió, me llevó más allá de mío mismo.

 

 

 

Este ejército se encuentra hoy aquí por Bucéfalo. Sí, quizá era salvaje; sí, quizá era ingobernable. Pero a un espíritu como el suyo no se le puede juzgar con las normas válidas para seres inferiores. ¿Por qué Zeus envía prodigios a la tierra? Por la misma razón que hace que un cometa crece el firmamento. Para señalar no lo que se ha hecho, sino lo que se puede hacer".

 

Novela Histórica "LA CONQUISTA DE ALEJANDRO" De Steven Pressfield

 

 

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