SALUD HOLISTICA

SALUD HOLISTICA

 

 

INTRODUCCION

 

 

 

Sobre la medicina, el gran médico y alquimista del Renacimiento, Paracelso afirmaba que: “la medicina es mucho más un Arte que una ciencia. Que para curar había que entender los procesos de la vida, para poderlos manejar.  Y que una voluntad poderosa, podía curar donde una voluntad vacilante iba al fracaso. Insistía  que el carácter del médico puede obrar en el paciente de un modo más eficaz que todas las drogas empleadas. Porque todo lo que crece en la naturaleza terrestre, puede aportarlo igualmente el poder de la creencia… El poder de la creencia, puede igualmente producir cualquier enfermedad…”

 

Las nuevas corrientes de investigación científica, reconocen la influencia de la mente y las emociones en los procesos del organismo físico. Ha sido la física cuántica, la que nos ha hecho superar la visión mecánica del mundo, derivada de Descartes y Newton. Demostrando que las partículas no son granos de materia aislada sino más bien que todo está interconectado en un tejido cósmico inseparable que no excluye la conciencia humana.

 

Al ser el hombre una unidad compuesta de soma, psique y nous, como enseñaban los griegos, o sea de cuerpo, alma y espíritu, éstos se interrelacionan e influyen como consecuencia, unos a otros. Toda enfermedad nos daría un mensaje, sobre algo que falla en nosotros mismos o que no se utiliza correctamente. Aquí, como en todo, es tan malo el exceso como el defecto. Por lo tanto, toda enfermedad es aviso de “algo” que rompe el equilibrio y la armonía de la salud del organismo.

 

La matriz de la salud

 

Edward Carpenter condenaba a los teóricos de la medicina de nuestra época, por su tendencia a centrarse exclusivamente sobre la enfermedad. Deberían intentar, más bien, comprender lo que es la salud, exponía. La salud es una armonía que todo lo gobierna. El bienestar nace de una matriz: el acorde entre cuerpo y mente, como reflejo de la armonía interna.

 

“La salud holística no puede recetarse”, decía un médico. Nace de una actitud; de la aceptación de las incertidumbres de la vida, de la voluntad de responsabilizarse de los propios hábitos, de la manera de percibir y manejar las tensiones, de unas relaciones humanas más satisfactorias, de la sensación de tener un objetivo en la vida. 

 

La salud y la enfermedad no son cosas que nos suceden sin más. Son procesos activos, resultado de una armonía o una discordancia interior,  que están profundamente afectados por nuestros estados de conciencia, y por nuestra capacidad o incapacidad de dejarnos fluir al compás de la propia experiencia.

 

Toda estrategia de salud requiere considerar la flexibilidad como objetivo primario, esto es, la adaptabilidad y capacidad de reaccionar frente a los desafíos periódicos que atentan a la integridad del propio cuerpo-mente.  Tal vez deberíamos adoptar aquella estrategia oriental que nos aconseja, “ser como una caña de bambú, que se doble con el viento, en vez de resistirlo, y así consigue sobrevivir”. La inflexible resistencia al cambio,  -que periódicamente propone al vida-, en presencia de la enfermedad, puede llegar a destruirnos. Ya que ésta nos habla y nos exige operar en nuestro interior ciertos cambios, para acercarnos un poco más al equilibrio necesario para la salud, en un nuevo nivel de conciencia. Y para ello, hay que realizar previamente ciertos reajustes y transformaciones que pongan al ser en sintonía conjunta. Visto desde esta perspectiva, la auténtica medicina es la que se hace en esos períodos en que no hay perturbación o enfermedad. Y que consistiría en aprender a vivir, a crecer y evolucionar. Por eso afirmaba el Prof. Livraga, recordando a su vez enseñanzas del divino Platón: “Que la filosofía es al alma, lo que la medicina al cuerpo”. Las dos medicinas necesarias para vivir, cada vez más en consonancia con lo mejor de nosotros mismos. Filosofía o conocimiento, fundamentales para la salud y robustez del alma, y medicina para ayudar al cuerpo a recuperar su correcto funcionamiento. Es curioso que Sócrates, también creía “que no puede curarse el cuerpo, sin tener en cuenta la mente”.

 

La lección que podemos sacar es la siguiente; por lo que respecta a estrategias de salud, las mejores son las que nos hacen más sabios. Toda intervención en relación con la salud que no aumente nuestra complejidad psicofísica ni nuestra sabiduría interior para afrontar las perturbaciones que la amenacen, pertenece a un orden terapéutico inferior.

 

En el mundo existe la enfermedad, pero entraña para los seres humanos la misma oferta que cualquier otra perturbación natural; la posibilidad de evolucionar a un nuevo y más elevado nivel de complejidad psicofísica. La enfermedad ha dejado de constituir una tragedia absoluta. Sin ella, jamás se habrían desarrollado los mecanismos de supervivencia de nuestra propia especie, como es la capacidad inmunológica; porque el salto a los nuevos niveles de enriquecimiento interno sólo es posible en base a la superación del desafío que suponen las perturbaciones sufridas.

 

En este contexto la enfermedad está ligada a la vida y al progreso. La vida tal y como la conocemos, exige la enfermedad; es impensable sin ella. La enfermedad es algo más que un negro presagio de la muerte. Podemos entenderla en adelante como un pronuncio de vida. Son las crisis necesarias para alcanzar un nivel superior de conciencia y perspectiva.

 

Según los descubrimientos de la física cuántica, teorema de Bell, teoría de Bohm, de Prigonine, todos ellos, en esencia, vienen a decirnos que, a la vista de la conexión increíblemente rica que todo ser humano tiene con el universo, en sentido amplio y con todos los demás seres humanos, tenemos un concepto erróneo de la muerte. Si hay unidad en el universo, la muerte es imposible. Esa riqueza de conexiones convierte en imposible la extinción personal, porque la extinción personal es sólo posible en un universo en el que sea posible el aislamiento personal. Y nosotros no vivimos en semejante universo.

 

La salud requiere que aprendamos a vivir en armonía con las partes constituyentes de la unidad de la que formamos parte, personal y colectivamente. Y la enfermedad que desarrollemos la capacidad de aprender a integrarnos en un nuevo orden más elevado que el anterior, entendiendo su mensaje de necesario cambio y trasformación, para que sigamos evolucionando.

 

 

 

¿Qué es la salud?

 

 

La definición propuesta por la Organización Mundial de la Salud, es la de “Bienestar total, físico, psicológico y espiritual del individuo”. Pero esta noción es demasiado vaga para que resulte verdaderamente útil.  No aclara en qué consiste ese bienestar, ni qué papel desempeña en él los aspectos espirituales, físicos y psicológicos de la persona.

 

Abraham Maslow, creador de la psicología humanista, en sus obras nos expone una interesante definición de salud y enfermedad. Teniendo en cuenta que el hombre es una unidad compuesta de partes diferentes pero interrelacionadas, con sus necesidades específicas de realización que debemos satisfacer para una plena autorrealización. Salud, para el autor, es plena autorrealización, y enfermedad, déficit en este logro.

 

Según esta constitución compleja del hombre, Maslow establece una pirámide de necesidades a cubrir que son; fisiológicas, de seguridad, afectivas, de conocimiento, autoperfección o autorrealización. Para el autor, las personas enfermas son producto de una cultura enferma, que no les permite la plena realización de sus necesidades, lo que produce desequilibrios en el interior de la persona, que genera neurosis; enfermedad deficitaria ante la carencia que impide la “salud”, la completura.  Al ser el hombre algo más que un cuerpo, necesita para su salud, además de vitaminas, etc., desarrollo, conocimiento, belleza… La salud es desarrollo humano en plenitud.  La enfermedad; déficit o desequilibrio.

 

Constatamos, una vez más, la necesidad de una formación integral, que ayude al hombre a conseguir una armonía interior. Que le facilite el conocerse a sí mismo, para desarrollar todos los aspectos de su ser y así utilizar sus potencialidades al máximo. Hace falta, conocerse, atreverse a cambiar, tener una actitud positiva y activa ante los retos de la vida. Desarrollar la voluntad, ejercitándola a diario. Necesitamos objetivos e ideales elevados para luchar en la vida y superarnos. Confianza en nosotros mismos y en los demás, amor por todos los seres, sintiéndonos uno con la Naturaleza. Y en la vida cotidiana, es imprescindible para la salud; orden, limpieza, buenos hábitos de vida y alimentación, momentos de relajación y ocio, organización de nuestros esfuerzos.

 

Prevenir la enfermedad es tan importante o más que trabajar para vencerla. Y si como decía un viejo texto oriental: “la raíz del mal está en nuestro interior”. La solución también lo estará  como consecuencia. Quizás como alguien decía, todo lo que vivimos no son más que las metamorfosis, que debe sufrir “el gusano para convertirse en mariposa”. Todas ellas tan necesarias y positivas como buenas, aunque esto se vea la mayoría de las veces…a lo largo de los ciclos del  tiempo.

 

Dolores Villegas

Gijon 24/12/99

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s