ASTURIAS MAGICA Y SAGRADA

ASTURIAS MÁGICA Y SAGRADA

Tierra de historias, leyendas y tradiciones vivas. De gentes y paisajes castigados por el endurecido Mar Cantábrico y arrulladas por el viento de bosques milenarios

LA ARCADIA HISPANA

Et in Arcadia ego. ¡Yo también nací y viví en Arcadia! Así comienza Don Armando Palacio Valdés la gran obra que dedicó a Asturias, La aldea perdida. Porque aquellos que aún queráis penetrar en la Asturias mágica, debéis hacerlo por el Puerto de Pajares, tal como lo hacían los arrieros castellanos que penetraban en Asturias después de abandonar las altas y luminosas tierras leonesas.

Al llegar a lo alto del Puerto, sentiréis estremecerse vuestro corazón ante el espectáculo que se abre a vuestros pies. Las altas tierras de la meseta caen vertiginosamente hacia la cordillera cantábrica convirtiéndose en un mar de infinitas montañas y de profundos bosques, de valles estrechos donde corren arroyos cristalinos, de aldeas colgadas de escarpadas montañas cual si fueran verdaderos nidos de águilas. Estáis entrando en un trozo de leyenda viva, en la tierra de la Diana cazadora, señora de sus verdes y profundos bosques, la antigua Artemisa griega que lanza sus terribles dardos de luz de luna contra los corazones impuros.

El insigne teósofo español Mario Roso de Luna llamó a esta tierra el Pequeño Tíbet, porque mucho antes de la llegada de los celtas con sus dioses, y de que las legiones de Roma escribieran por primera vez su historia, pueblos desconocidos cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos hicieron de sus bosques, de sus cavernas y montañas el verdadero templo a la Divinidad sin nombre, al Dios del Misterio. Así, tanto en la arqueología de sus nombres como en su arquitectura y en sus tradiciones, encontraréis un verdadero mosaico de culturas que se imponen unas a otras, y una tradición mágica que se expresa a través de un simbolismo que se renueva conforme a la cultura que lo expresa.

Y si llegáis al mar, veréis una costa abrupta y difícil, castigada siempre por un Mar Cantábrico enfurecido, donde también llegaron los descendientes de Noé que escaparon de un prehistórico diluvio. Sí, vuestro viaje puede ser iniciático si vuestra mente de moderno turista puede ser sustituida por el corazón del filósofo.

UN ARCA DE ROBLE NEGRO

Antes de que los nueve caballeros templarios buscasen en las ruinas del Templo de Salomón aquella misteriosa Arca que según la tradición hebrea contenía la Ley de Dios, y que mataba a quienes se acercasen a ella sin ser sacerdotes debidamente purificados, encontramos una tradición exotérica cristiana que nos habla del viaje de otra misteriosa Arca de roble negro, que contiene las sagradas reliquias de la Cristiandad y es trasladada a la ciudad de Alejandría y de allí a la antigua Toledo. Debía ser importante su contenido, pues al perder Don Rodrigo la batalla de Guadalete, una comitiva de caballeros y de monjes mozárabes huye con ella buscando refugio en las inaccesibles montañas de Asturias.

Después de abandonar el concejo de Lena y siguiendo el río Caudal, os encontraréis con la pequeña localidad de Santa Eulalia de Morcín, desde la cual, y después de una larga ascensión, llegaréis a la cima del Mont-Sacro, o Monte Sagrado, donde existen dos pequeñas ermitas, una de ellas de planta octogonal, en cuyo interior y en el llamado pozo de Santo Toribio es escondida el Arca. Cabe recordar que las iglesias octogonales siempre se asociaron a los ritos más secretos de la Orden Templaria, sólo que en este tiempo la Orden aún no había sido creada. ¿Qué hacían en aquel monte perdido de Asturias, donde en invierno no viven ni las cabras, un Arca y una extraña y desconocida comunidad de monjes? Misterio.

El Arca es trasladada después a una capilla del palacio de Alfonso II en Oviedo. En el año 1075 el rey Alfonso VI, acompañado por toda su corte y el mismísimo Cid Campeador, acude a Oviedo para proceder a la apertura solemne del Arca. En el inventario oficial aparecen trozos de la Vera Cruz, espinas de la corona de Cristo, huesos de santos, etc. ¿Pero qué dice la historia no oficial? A las preguntas del rey sobre si el arca fue alguna vez abierta, nadie tenía constancia de ello. Un anciano sacerdote recordaba que unos cincuenta años atrás, siendo novicio en San Salvador de Valdediós, un grupo de monjes intentó abrir el Arca y de allí salió supuestamente un resplandor tan terrible que iluminó toda la catedral matando a algunos de ellos y dejando ciegos para siempre al resto. ¿Realmente hizo tan penoso viaje toda la corte de Alfonso VI para contar solamente trozos de madera y espinas de la corona de Cristo?

EN EL REINO DE DON ALFONSO

Estamos entrando en la antigua y provinciana Vetusta de Leopoldo Alas Clarín. Quien quiera conocer el alma sencilla de Oviedo puede buscarla en las páginas de La Regenta, la obra más gigantesca del escritor asturiano.

Fue el Rey Alfonso II el Casto el que trasladó la corte de los primeros reyes de Asturias de Cangas de Onís a Oviedo, y ningún monarca astur se verá tan envuelto en tradiciones mágicas y hechos milagrosos.

Sobre los restos de su antiguo palacio se construyó la actual catedral, y en su Cámara Santa podéis ver -aunque tan retocados y restaurados que ignoro lo que quedará del original- parte de las más sagradas reliquias del patrimonio asturiano. Allí está, recubierta de plata, el Arca Santa que vino del Mont-Sacro. La Cruz de la Victoria, antigua cruz de roble -¡siempre el roble!- que blandió Don Pelayo tras su victoria en Covadonga. La Cruz de los Ángeles, que según la tradición fue construida por dos ángeles que disfrazados de alquimistas se encierran varias semanas en un recinto del que salían rayos y truenos, y donde parecía trabajar un incansable ejército de gnomos. Tras un largo silencio, se encontró una magnífica cruz de oro que los desaparecidos ángeles dejaron como regalo al rey.

Pero dejemos las reliquias y pongamos rumbo al monte sagrado de la ciudad: el Naranco. Allí, los reyes astur-leoneses edificaron gran cantidad de templos, de los cuales hoy sólo quedan las dos joyas del prerrománico asturiano que son Santa María del Naranco y San Miguel de Liño o Lillo. Ya en la tarde, podréis descansar un rato en el Campo de San Francisco, verdadero pulmón verde de la ciudad. Porque por Oviedo también pasó Francisco de Asís en su camino hacia tierras compostelanas, fundando allí un monasterio cuyo huerto fue llamado Campo de San Francisco en honor al santo.

Anochece sobre la vieja Vetusta. Al pasar por la calle Uría, cuidad de no pisar una gran placa en el suelo, que recuerda que allí estuvo plantado el Árbol Sagrado de la ciudad: Un gigantesco roble o Carballo que dio a los ovetenses el nombre de carballones, y que la iniquidad del mundo moderno ha talado para sustituirlo por la estética del asfalto y el hormigón.

Es ya hora de irse. Entre el silencio y la bruma que cubren la plaza de la catedral y la Escandalera, aún resonarán en vuestros oídos las voces de la Regenta y de Don Fermín, de Don Álvaro y del mundo perdido de la antigua Vetusta. Y si sois afortunados, podréis ver aún el viejo espectro de Clarín paseando solitario por la plaza de la catedral, con su gran paraguas negro para protegerse de esa fina lluvia que allí llaman orbayu, con los pies andando sobre la tierra, pero con el alma perdida en sabe Dios qué cielo.

 

LA ALDEA PERDIDA

Siguiendo el río Nalón arriba a través del valle minero de Langreo, llegaremos a la bonita villa de Pola de Laviana. A su salida, cruzaremos el Nalón por el puente de la Chalana y entraremos en la aldea de Entralgo, cuna del escritor Don Armando Palacio Valdés. Sí, estamos en La Aldea Perdida.

Siendo ya muy anciano Don Armando, cansado de críticas injustificadas y desengaños, dejó volar por última vez su alma hacia su Asturias natal, dedicándole la que fue su última novela, La Aldea Perdida. Gran amante de la cultura griega, narra en su novela un drama terrible ocurrido en su niñez y que él reviste de los tintes heroicos del helenismo clásico, mientras cuenta cómo su Arcadia feliz es devastada por la llegada del ferrocarril y de la minas. Allí donde el carbonero Nalón vuelve sus aguas más limpias y cristalinas, donde su cauce se eleva hacia las montañas de Caso y del puerto de Tarna, encontraréis un hermoso mundo de bosques de robles y de castaños, de pumaradas y de siempre fértiles avellanos, que dejan caer sus ramas sobre el río. Allí moran la pérfida Xana, que hechiza a los jóvenes en los amaneceres de San Juan, el orgulloso Ñuberu, que descarga furiosas tormentas sobre sus enemigos, el huidizo Busgosu, señor de los bosques y enemigo de los cazadores, el travieso Trasgu y todo el sinfín de dioses de la naturaleza astur que un día convivieron con el hombre antes de que éste hiciera de la ambición y del dinero sus únicos amos.

Fue en aquellas hermosas aldeas en las cuales Don Armado viera siendo aún niño los grupos de los jóvenes de Entralgo, de Lorio, de El Condado, de Ribota. Aún podréis visitar Canzana, la aldea de la bella Demetria o la braña del heroico Nolo, dormidas como perlas al pie de la elevada y brillante Peña Mea. Sí, todo aquello terminó cuando el ferrocarril profanó sus vírgenes bosques y las minas comenzaron a destruir la tierra, embruteciendo a los hombres y abriendo las negras puertas del camino llamado progreso, tal como profetizara aquel justo y pacífico Don César de las Matas y Arbin, del que todos se reían por su desmesurado amor hacia Sócrates y la cultura helénica, pero que se tornaba un loco furioso cuando le hablaban de Pericles, a quien llamaba corruptor de jóvenes y a quien acusaba de ser el iniciador de la decadencia de la gloriosa Atenas.

Omnia transit. Nosotros abandonaremos el sueño de aquellos dulces bosques en espera de los futuros Druidas que sepan despertarlos y proseguiremos nuestro camino.

HACIA COVADONGA

Descendiendo el valle de Langreo seguiremos el curso del río Piloña, que nos llevará hasta Arriondas, donde sus aguas se funden con su hermano Sella, cuyo curso nos llevará a su vez hasta Cangas de Onís.

Muy pocos saben que la primera capital de la futura España no fue Oviedo, sino Cangas de Onís, donde estuvo asentada la corte asturiana hasta Alfonso II el Casto, que la trasladó a Oviedo. En esta hermosa villa aún podréis visitar la ermita de La Santa Cruz, construida por el Rey Favila sobre un dolmen que aún puede verse. Este rey, que apenas reinó dos años, tenía la peligrosa afición, muy extendida en Asturias, de lancear osos sin soltar el arma de la mano, afición que le costó el fraternal abrazo de un gran oso que hizo que la corona de Asturias pasara a Alfonso I El Yermador.

Al salir de Cangas de Onís, el verde y amplio valle comienza a verse encerrado por altas y abruptas montañas que se le echan encima. Esto debió sorprender mucho al poderoso ejército de Alcama y del Obispo Don Opas cuando, después de un sometimiento fácil de Asturias y Galicia, se dirigieron a Covadonga para terminar con el último foco de rebeldes astures capitaneados por Don Pelayo. Al final, el ya estrechísimo valle termina cortado por una infranqueable muralla pétrea donde existe una alta caverna desde la cual los astures de Pelayo se defendieron heroicamente hasta derrotar al ejército árabe, manteniendo así libres del poder musulmán las montañas de Asturias. Pero aquella cueva era ya conocida y sagrada antes de la llegada de Don Pelayo. Los pocos datos que aún nos quedan se refieren a misteriosos ermitaños que vivían en ella, y el más que probable culto a una deidad femenina venerada en aquellas tierras astures, porque la caverna como templo de una Diosa Madre es frecuente en toda Asturias, tal como lo demuestra Covadonga, la Virgen de la Cueva en Infiesto y otras que existen por esta geografía.

En la cueva de Covadonga, el alma se ve acosada por sentimientos tan maravillosos que una lágrima de emoción se nos escapa al observar un lindo ramo de rosas rojas que unas manos antiguas y amorosas dejaron en la tumba del rey Don Pelayo.

CORAZÓN DE PIEDRA Y DE NIEBLA

Al salir de Covadonga, y tras una dura ascensión de 12 Km, llegaremos a los Picos de Europa. Un sabio me comentó en una ocasión que cuando Zeus se transformó en toro y raptó a la princesa Europa, la llevó a aquellas montañas, y no a otro sitio, y en recuerdo de aquella noble princesa estos lugares conservan aún el nombre de Picos de Europa. ¡Extrañas montañas que ya eran llamadas así mucho antes de que Europa existiera como tal!

Mundo de silencio, de piedra y niebla, allí encontraréis dos hermosos lagos, el de Enol y el de Ercina, o de la Encina. Cuenta Suetonio en su Libro de los doce Césares, que cuando Galba cruzó aquellos lagos con su ejército, un rayo cayó sobre el Enol, surgiendo del choque doce hachas de piedra. Los augures interpretaron que Júpiter le anunciaba que sería emperador, como así fue.

Nos despedimos de Covadonga al pasar por el Campo del Rey Pelayo, donde según la traición Don Pelayo fue coronado rey. Tomando la carretera de Cabrales, llegamos al pueblecito de Corao, donde visitaremos la abandonada iglesia de Santa Eulalia de Abamia, construida sobre los restos de un antiguo monasterio, donde fueron enterrados Don Pelayo y su esposa Doña Gaudiosia, antes de que los restos del rey fuesen trasladados a Covadonga. Aún hoy podéis visitar sus abandonados sarcófagos de piedra. Existen allí dos tejos o Texus, árbol sagrado de los astures, y uno de los cuales, según los nativos, tiene más de dos mil años. Ambrosio de Morales, que en tiempos de Felipe II visitó aquellas tierras, nos cuenta cómo en su tiempo los astures armados de lanzas se reunían para celebrar asambleas bajo sus ramas. Qué curioso es observar cómo en el inconsciente de la gente sencilla viven elementos tan antiguos que ya ni la historia recuerda, pero los rituales se siguen repitiendo tal y como los heredaron de sus antepasados.

Nos dirigimos ahora por una difícil carretera hacia Arenas de Cabrales, en pleno corazón de los Picos de Europa. Desde allí, siguiendo el río Cares, que corre vertiginoso encerrado en un desfiladero de terribles paredes, llegamos a Caín, pueblo perdido entre peñas, en las cuales antiguamente sólo vivían las vacas y los Cainejos, nombre de los habitantes de este pueblo. ¿Fue éste el refugio final de la descendencia maldita de Caín? Pero si sois amantes de la alta montaña y os atrevéis a enfrentar la difícil ascensión de la Canal de Trea, llegaréis hasta la dulce Vega de Arío, donde un divino espectáculo de abismos y montañas sobrecogerá vuestro espíritu.

Y llegaron los romanos, y astures y cántabros fueron derrotados en sus tierras por las legiones de Augusto, y buscaron refugio en los Montes Vindios, identificados por algunos autores como las Peñas Santas de Enol y de Castilla. Es tan difícil llegar a tales alturas, que los refugiados aseguraban que antes llegarían allí las olas del mar que las armas de Roma. Pero los romanos subieron, y ante su definitiva derrota, casi todos los sitiados se mataron, unos luchando y otros con un veneno extraído del árbol sagrado del tejo. Extraños pueblos, que preferían la muerte antes que vivir un sólo día de esclavitud. De su antigüedad nos habla el lema de la Casa de los Quirós (¿Kurus?), que parece reírse de la antigüedad de dioses romanos y celtas: Antes que Dios fuera Dios, y el sol diera en estos riscos, los Quirós ya eran Quirós y los Garrido Garrido. Cares, Quirós, Coritos, Ario, Caín, nombres que nos hablan de un pasado milenario cuyo recuerdo solamente pudo sobrevivir en aquellas prodigiosas montañas, inaccesibles siempre hasta para el mismo tiempo.

Eterno santuario de blanca niebla y nieves eternas, tan alejado del vertiginoso vivir de los hombres de los valles, y que hoy se muere lentamente entre la olvidada lata de Coca Cola y la terrible marabunta humana que lo asola y desprecia.

EL BELLO CANTÁBRICO

Así llamaron los romanos a este mar siempre azul y tormentoso, cuna de bautismos rituales desde tiempos prehistóricos. Estamos en la costa más oriental de Asturias, cerca de la ría de Tinamayor.

Las almas sensibles que visiten esta costa notarán en sus orillas como un silencio extraño que no fuera de este mundo, un silencio que no se siente con el cuerpo y que provoca ese frío astral que se expresa en una indescriptible nostalgia que los naturales llaman morriña.

Llanes es la de los ancestrales ritos de la Danza Prima y del Pericote, donde los lugareños dicen de sí mismos ser los últimos Coritos, émulos de aquellos prehistóricos Kuretes que luego encontraremos en el mediterráneo cretense. Toda esta costa la encontrareis plagada de esos santuarios prehistóricos que son las cavernas. Porque determinadas cavernas fueron consideradas por los antiguos como la verdadera matriz de nuestra madre la Diosa Tierra, donde los futuros iniciados deberían pasar terribles pruebas e iniciaciones antes de salir al mundo nuevamente regenerados y nacidos. Aún podéis visitar hoy las cuevas del Pindal en Llanes y la de Tito Bustillo en Ribadesella.

Siguiendo la costa hacia el oeste, cruzaremos delante de la Sierra del Cuera, por donde un ejército romano transportado de Galias cruzó para sorprender por la espalda a los cántabros en las crueles y terribles guerras que Augusto sostuvo contra cántabros y astures.

Tras pasar Ribadesella llegaremos a la imperial Villaviciosa, pues por un error de cálculo, los pilotos que transportaban por mar al emperador Carlos I de España y V de Alemania, hicieron que ésta fuera la primera tierra española que el emperador pisara.

Pero el concejo Villaviciosa es conocido también por ser una de las zonas románicas más importantes de Asturias. Allí, esas misteriosas cofradías de Maestros constructores que recorrieran Occidente dejándonos la anónima huella de su arte y de sus altos ideales llenaron de iglesias románicas toda la zona. Pero además, muchas de las cruces grabadas en la piedra revelan también la oscura presencia de esa fraternidad templaria que nunca está en ningún sitio, pero que luego está en todos. Notables son Santa María de Villaviciosa, que toca a símbolo pagano por sillar y columna, San Juan de Amandi, San Andrés de Valdebárcena, en cuya construcción, según la leyenda, intervinieron hasta los ángeles. Y no podemos irnos sin visitar el monasterio de San Salvador de Valdediós y su joya románica del conventín.

LA ROMANA GIJÓN

Tras el curso de una difícil carretera entramos en la Gigia de Gerión, según Silo Itálico aquel Gerión a quien luego Hércules robara sus vacas. Aunque su fundación se atribuye al emperador Augusto, lo cierto es que un olor a milenario nos invade nuevamente.

Melafón, doscientos años a.C., describió a la ciudad de Gigia en estos términos: Costeando la ribera del mar del norte , se ven fértiles valles, y en ellos algunas poblaciones. De éstas la más conocida es "Gigia", colocada sobre la eminencia de un cerro, casi rodeada de mar, en el centro de una ensenada que éste forma con dos puntas. Al oriente es una costa inquieta y brava pero al occidente es una playa pacífica; una concha segura y un abrigado fondeadero, donde se afianzan las naves de Cartago y de otras naciones que comercian con la ciudad.

Las crónicas romanas de la época hablan también de un importante asentamiento marítimo entre Flavionavia (Santianes de Pravia) y el río Salia (el actual río Sella) al que llamaron Noega. Aunque ya en su día Jovellanos lo apuntara, hoy muchos autores están convencidos de que Noega es la misma Gijón, tal como demuestran los importantísimos restos romanos hallados en la misma. Noega recuerda también a los descendientes de Noé, al igual que la gallega Noya; pero entre nombres prehistóricos a los cuales ni el tiempo se atreve a mencionar, Gijón asoma ya un rostro anciano al Cantábrico mucho antes de la llegada de los romanos.

Siguiendo la ruta de la antigua Calzada romana (actual barrio de la Calzada) llegaremos al pueblecito de Jove, donde existió un templo dedicado al dios latino Jove (Júpiter). En su parte más elevada se encuentra el Cabo de Torres, donde estaba ubicado un antiguo castro que dio lugar al importante asentamiento romano que allí luego existió.

Gijón, tierra de historia y de sal, esa sal envuelta en viento que azota el rostro en la bahía de San Lorenzo, mientras el murmullo de las olas del mar cuenta viejas historias de un tiempo que fue y será siempre. Visitad la casa de Don Melchor Gaspar de Jovellanos en el barrio de Cimadevilla, que como todos los idealistas pasó su vida regalándole a España toda la generosidad de su fecunda cabeza y espíritu, aunque como único pago obtuvo el olvido y la cárcel. Soñó con construir en Gijón una ciudad llena de sauces, pero al final la especulación y la ignorancia pudieron más.

Visitad la hermosa capilla marinera de la Soledad, mientras paseáis por el muelle antiguo y la calle de Corrida. Subid al cerro de la Providencia, donde, como en todos los cabos, se rindió culto a alguna antigua divinidad romana.

Se va la tarde y el viento del norte acompaña a los marineros que vuelven a tierra después de una larga jornada. Es en esos instantes de paz cuando el alma cansada puede escuchar voces antiguas y misteriosas que murmuran mezcladas con el viento, voces como aquella que me recordaba una vieja frase esculpida en un reloj de piedra romano hallado en Emérita Augusta: Cuenta sólo las horas felices, las demás se olvidan.

FIN DEL VIAJE

Y estas pocas cosas que hoy te cuento, querido lector, no son más que un puñado de perlas limitadas por el corto espacio de un artículo. Dejo el resto para que tu espíritu descubra lo que falta si alguna vez visitas esta mágica y sagrada tierra.

Las altas montañas que guardan esta Arcadia Hispana, fueron siempre un Arca de piedra donde semillas de futuro aguardan el sonido iniciático de las campanas de la Historia. Tal vez de allí nuevas semillas de futuro algún día crezcan esplendorosas, regadas con el agua alquímica del corazón de todos aquellos idealistas que en un mundo de locos aún creen en los sueños imposibles.

Cae el sol en una solitaria playa cercana a Cudillero. Si es cierto que cada tierra tiene un ángel que la guarda y que la guía, nunca Dios pudo tener ángel tan hermoso como el de Asturias.

 

 

JOSE ALBERTO GARCIA

GIJON

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Un pensamiento en “ASTURIAS MAGICA Y SAGRADA

  1. Me he preguntado muchas veces,
    porque aún en la distancia, sueño tanto contigo
    Por qué me veo en sueños constantemente mirándote,
    contemplando tu verde paisaje….. embelesada con tu belleza
    Es como si parte de mi alma hubiera quedado por siempre alli
    cautiva de tu Magia….entre tu verde y tu mar…"presa"
    Hoy estuve allí …..en sueños claro. Bebiendo Belleza con mis ojos

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