EL MITO DE LA ESFINGE

   

EL ENIGMA DE LA ESFINGE

 

Hay quien afirma que la Esfinge es el símbolo más completo, tan antiguo como el hombre. Maspero cree que su construcción predinástica se pierde en la  noche de los tiempos.

Teniendo en cuenta que los símbolos, como los mitos (relatos simbólicos), nos hablan de la Realidad Una en sus múltiples aspectos de manifestación, veamos a continuación algunos que, en grandes líneas, nos quedaron impresos para nuestro conocimiento en monumento tan colosal.

En su clave física, formal, nos habla de la evolución de las formas que, en nuestro período, culminan y cristalizan en la humana. También nos habla de la unidad de toda la Naturaleza y de las distintas apariencias de la Vida-Una.

Nos muestra cómo una fuerza única, sutil, interpenetra todo el cuerpo de la Naturaleza y traspasa el conjunto de los reinos horizontales, para alzarse gloriosa en la vertical poderosa de las alas.

La Esfinge representa, con su cabeza humana, el triunfo del hombre por encima de su cuerpo, que contiene como etapas superadas a todas las formas animales. Los famosos cuatro animales representan los cuatro elementos constituyentes del micro y del macro-cosmos; el fuego (la mente), el aire (la psiquis), el agua (la energía), la tierra (el físico)

El elemento fuego sería el superior y origen de todos los demás, reflejos lentificados e inferiores de él. Los antiguos entendían que todo el Universo derivaba de sus arquetipos mentales.

La Esfinge se ha convertido en el símbolo principal, la marca distinta de Egipto. Uno de los nombres que ha llegado hasta nosotros es Har-Em-Chu: “Sol en el Horizonte”, según H.P.B. equivalente a Om Mani Padme-Um de los orientales, que significa: “Dios Nacido de sí mismo”.

En viejas tabletas encontradas en Edfú se halló una explicación sobre Horus como origen o espíritu encubierto de la Esfinge. Varios faraones llevaban asociada s su nombre la leyenda: “Forma viviente de la esfinge solar sobre la Tierra”. El nombre griego de “esfinge” contiene dos palabras egipcias: Shesep (estatua) y Ank (vida). Esto nos da: “Estatua de la Vida” o “Estatua Viva”.

El personaje simbólico de Edipo se encuentra, bajo otros nombres y velos, en todos los demás pueblos, representando al Hombre como peregrino sobre este mundo que no es el suyo, atravesando pruebas, salvando obstáculos, incansable tras su Ideal y su patria perdida.

La Esfinge, como la Naturaleza sensible, prueba al hombre para ver si es merecedor de sus secretos. Edipo el héroe es capaz de enfrentarse a ella y vencerla, descubriendo sus terribles enigmas, los únicos que dan la libertad. Conocimiento que no consiste sólo en tenerlo, sino en vivir de acuerdo a lo que se conoce, pues es la forma de ser y vivir lo que da al hombre el verdadero poder, aquel que le libera de la ignorancia y del imperio de la materia.

¿Quiénes somos? Una chispa de la Divinidad  abstracta, incognoscible y sin nombre, que va pasando por múltiples estados de conciencia (o despertando) hasta llegar al gran despertar que es la conciencia plena y absoluta que lo abarca todo; el Nirvana de los orientales. Cada Alma, Chispa Divina o Mónada, es el eterno peregrino que baja y sube por el inacabable camino de los ciclos evolutivos.

Las tres preguntas no sólo se refieren a la infancia, virilidad, y decrepitud del hombre (y de su alma), sino de la Humanidad entera; es decir, al pasado, al presente y al porvenir de esta última.

Venimos, por nuestro cuerpo físico, de una evolución animal –los animales lunares-; hemos andado a cuatro pies en los respectivos comienzos de nuestras sendas evoluciones. Hoy, en cambio, somos hombres; es decir: una suprema dualidad en que, maravilla inefable, el Angel y la Bestia, se unen; y sobre tales “dos pies” evolucionamos, en el presente, la una y el otro. Mañana, en fin, cuando cada hombre y en particular, y también la Humanidad como conjunto, sobrepuje esta evolución, los dos “pies” serán ya “tres”; a saber, el “angélico” de la parte más excelsa, unidos ambos por un tercer elemento; la mente. De ahí la concepción clásica de cuerpo, alma y espíritu.

El espíritu de cada hombre es, respecto de su cuerpo, como la Divinidad o Theos, manifestada en el Caos (desorden) para en él introducir el Orden (armonía o Cosmos) mediante la mente, que es la gran ordenadora.

Por eso, cada alma, caracterizada como ésta por la mente –en sus tres grados; espiritual o intuitiva (budhi); humana o reflexiva (manas); y animal o inferior (kama-manas) –es un microcosmos, un cosmos en miniatura, que lleva las cosas del Caos al Orden, siendo su destino final de salvación o condenación, la de disolverse y perderse en el Caos originario, o la de ascender hasta su apoteosis (Nirvana), fundiéndose de nuevo con su supremo Espíritu.

 

La Esfinge puede considerarse, desde el punto de vista psicológico, el sacrificio que representa vencer la personalidad, ordenar el caos interior, para tener acceso como resultado de ello a una plano superior de la Realidad. Es también el karma ancestral de cada candidato, la inercia psicofísica opuesta siempre al progreso espiritual.

Nos habla, en resumen, de la larga evolución y costosa sincronización de las formas animales, del hombre primitivo sin mente, del advenimiento de la conciencia, del Yo y su triunfo ultérrimo sobre la bestia que lo sujeta y su evasión del panorama material hacia la esfera de las Ideas Puras, el plano de los Arquetipos.

Por eso, la Esfinge de esfinges es la Vida misma del Hombre sobre la Tierra.

¿Podremos vencerla? ¿Qué busca conseguir con el terror que infunde? ¿Es sólo eso que vemos, o precisamente en lo que desconocemos está la clave de su enigma? ¿Cómo conseguirlo? Hay hombres que lo han logrado, ¿qué hicieron? ¿Existirá la Naturaleza como víctima para que nosotros alcancemos a través suyo un poder real, la emancipación total de nuestra ceguera? ¿No somos nosotros mismos Ella?

Conozcamos nuestro verdadero rostro; sepamos realmente quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, y veremos a la Esfinge desvelarse y mostrarnos en su mirada una senda a recorrer, la que nos acerca al Sol, nuestro origen y fin.

¡HOMBRE; CONOCETE A TI MISMO Y CONOCERAS AL UNIVERSO Y A LOS DIOSES!  

Dolores Villegas

GIJON-1987 

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